miércoles, 7 de septiembre de 2016

30 de Mayo de 2016, un día para recordar!


Acababa de empezar el día, ni un par de horas llevaba entre sueños, descansando tranquilo, pues el día previo, 29 de Mayo, nada hacía indicar que todo lo que se pudiera vivir ese día iba a ser digno de recordar, aún siendo optimista y teniendo muchas ganas de vivir cada segundo, era un día laboral normal, lunes para ser exactos. Pues bien, ese lunes, día 30 de Mayo, nació mi hija Dafne! Sin duda, un precioso día, soleado, para recordar toda la vida!

Eran las 2:00 h. y dormía como un auténtico ceporrín, sin enterarme de nada, cuando de repente, Sabri me tocó un poco el hombro y me movió ligeramente hasta que me despertó. Cuando abrí los ojos, allí estaba ella, un poco acongojada y con carucha, ya que no había dormido casi nada y Dafne comenzaba a hacer de las suyas... Me dijo: "Mi amor, tengo contracciones cada 3 minutos!". A lo que yo, poniéndome erguido encima de la cama, respondí: "Sí? Qué bien!".

Según indicaciones de la matrona, Sabri debía permanecer en casa entre dos horas y media y tres, con contracciones regulares cada 3/4 minutos, antes de ir al hospital. Eso hicimos! Me levanté enérgico, dispuesto a colaborar en lo que hiciese falta y ser la mano derecha de Sabri, la que realmente sufre todo este paso. Y así pasamos esas 3 horas, entre contracciones, dolores que se iban incrementando y alguna que otra sonrisa por lo que estaba llegando.

Las primeras horas en casa fueron cómodas, dentro de lo que cabe, claro está! Ejercicios con el balón gigante, algún ejercicio de pies y equilibrio con la pelota de tenis y, por supuesto, un controlado y seguro ritmo de diferentes respiraciones. Qué control, madre mía! Estaba bastante tranquilo, relativamente. No tanto Sabri, pero ambos estábamos seguros de que todo iba a salir bien. Sabri estaba muy preparada para dar a luz, había mantenido su ritmo de vida y siempre luchó por preparar su cuerpo de la mejor manera: senderismo, pilates, baile y natación, incluso con 36 semanas de embarazo. Sólo debía esperar a que la naturaleza hiciese el resto.

Superadas las 3 primeras horas en casa, una ducha y para el hospital, lugar donde nos recibieron. Tras alguna prueba, primer "contratiempo" (no todo iba a salir genial...). Sabri no estaba de parto... Más bien, eso le dijeron! Así que..., para casa nuevamente! Eran ya las 7:00 h. Sabri salía de cuentas el día 29 de Mayo, domingo, y le habían citado para monitorizarla el día 30 de Mayo, lunes, a las 9:30 h. Quizás no estaba tan de parto como parecía, y como debíamos volver al hospital a las 9:30 h., pues a pasar el rato a casa, que es donde mejor se pasan estas cosas!

De vuelta al hogar, misma rutina de ejercicios y respiración para Sabri y la misma idea para mí de colaborar al máximo y facilitar todo lo que esté de mi mano. Eran momentos durillos porque no podía hacer gran cosa para aliviar el rato que estaba pasando Sabri. Tan sólo podía mantenerme feliz, ayudarla y animarla mucho. Al fin y al cabo, iban a ser unas horas y todo pasa, así que al ataque!

Seguía pasando el tiempo, saqué a Bianca, que iba a estar muchas horas solas, desayuné algo y de vuelta al hospital para la cita de monitores que tenía Sabri. Eran las 9:00 h. y comenzaba el peor rato del día. Los dolores eran muy fuertes en cada contracción, las cuales no cesaron desde las 2:00 h., Sabri continuaba con su ritual de respiraciones y la cosa se iba poniendo más difícil. Más de media hora en llegar desde el parking del hospital hasta la sala de espera, cerca de la consulta. No podíamos esperar ni un segundo más. Corro y busco a cualquier persona relacionada con el hospital. La gente de la sala de esperaba nos miraba raro, como diciendo: "Pobrecita, pero qué hace aquí así?". Cuando salió la primera enfermera, le conté la situación. Le dije que Sabri llevaba teniendo contracciones desde las 2:00 h., que habíamos estado ya en urgencias y que nos habían dicho que no estaba de parto, debiendo volver a casa. Añadí que seguía teniendo dolores, cada vez más fuertes, y que me parecía que estaba de parto (era ya las 10:00 h., por lo que llevaba 8 horas con contracciones cada pocos minutos). Viendo el panorama, rápidamente la atendieron. Ahora sí (antes también...)! Sabri estaba de parto! A ingresar!

Un agradable celador nos guió hasta la habitación, coincidiendo con una amiga de mis hermanos que acababa de dar a luz. Una verdadera coincidencia! Me dirigí al mostrador de la planta y fui a formalizar el ingreso. Cuando regresé, Sabri ya no estaba en la habitación! Se la habían llevado a la sala de dilatación. Estos minutos fueron los más angustiosos para mí. Sabía que la cosa avanzaba, que era cuestión de horas y no sabía dónde estaba Sabri, no pudiendo verla. Esperé casi una hora, entre la habitación, los pasillos y la sala de espera. Ya eran las 11:00 h. y una enfermera me informó de que estaban colocando a Sabri, monitorizándola y poniéndole la epidural. En este momento, aproveché para informar a ambas familias de que Sabri se estaba poniendo de parto. Les dije que estuviesen muy tranquilos, que podían pasar muchas horas, que todo estaba comenzando! Mentira!  Todo iba rápido! Nuestra intención siempre fue comunicar el nacimiento de Dafne directamente, sin que nadie se enterase de todo lo que se vive antes. Los momentos previos son más difíciles y queríamos vivirlos en intimidad, primero por nosotros, y luego por nuestras familias. Ojos que no ven, corazón que no siente!

Poco después, y ya por fin, me dejan entrar a la sala de dilatación. Allí estaba Sabri, medio dormidina y sin dolor! Menudo cambio en una hora. Verla me alivió... Sabía que estaba bien, pero verla con un dolor tan fuerte acojona! Y cuando la volví a ver, ya sin retorcerse y tranquila, todo fue más llevadero y tranquilo.

Así pasamos el siguiente rato, tranquilos, escuchando el acelerado corazoncito de Dafne y entre alguna visita de la matrona y la ginecóloga que nos iban a atender durante las horas previas y el parto. Yo estaba a gusto, hablaba y contaba cosas que nada tenían que ver con lo que estaba sucediendo, incluso alguna vez veía como Sabri cerraba los ojos, como si estuviese a punto de dormirse. Charlábamos y nunca dejaba de transmitir el ánimo que la mujer necesita en estos momentos. Todo estaba saliendo muy bien. La anestesia y la dilatación iban viento en popa! A pesar de los fuertes dolores durante el período de dilatación, todo iba genial. Y eso se iba notando en la sala...

Seguía pasando el tiempo, ya eran las 12:00 h., y en una de las visitas que recibimos, nos dijeron que Sabri ya estaba preparada, pero que debía permanecer allí un rato más, pues la sala de parto estaba ocupada, y curiosamente, por otra chica que conocemos. El mundo es un pañuelo! Y así pasamos la siguiente hora, esperando a que la sala estuviese lista. Qué emoción!

Las 13:00 h., hora clave! Entran de nuevo y nos comunican que la sala de partos está lista para ver nacer a Dafne! Se llevan a Sabri para colocarla y me dejan a mí allí. Me dicen que me vendrán a recoger cuando Sabri esté lista y que, de momento, me fuese poniendo el atuendo oficial de acceso a la sala. Qué telas verdes más bonitas! Me cubrí el calzado y la ropa que llevaba y listo! Me senté en la silla de la habitación y a esperar! Pensaba: "Esto está hecho! Vamos!".

A las 13:10 h. entra a la sala de dilatación una enfermera en prácticas y me dice: "Rubén? Es usted verdad? Pues corre! Porque si no, no ves nacer a tu hija!" Madre mía! Corrí por el pasillo, rumbo a la sala de partos, como si no hubiese un mañana! Entré, miré a Sabri y vi que estaba tranquila y muy bien. Ya estaban a la tarea! La sala de partos era una fiesta, éramos más de 10 personas entre ginecólogas y enfermeras, unas oficiales y otras en prácticas. Sabri era el centro de la sala. Todos la rodeábamos! Lejos de lo que me esperaba, fueron momentos muy divertidos! Todo iba genial. Sabri apenas tenía dolor y podía empujar muy bien. Entre ánimos, iban pasando los minutos, Sabri respiraba profundo y se preparaba para dar a luz.

Primer empujón: ya la vemos! Casi! Vamos Dafne!
Segundo empujón: mira la cabecita! Ainsss, a la siguiente!
Tercer empujón: asoma la cabecita! Maniobra al cordón umbilical y a seguir! Ya la tenemos!
Cuarto empujón: ya está aquí! Qué guapa!

Puede parecer exagerado, pero fue realmente así. Cuatro empujones contados y Dafne nació! Tenía razón la enfermera que me vino a buscar! Casi no veo nacer a mi hija!

Eran las 13:30 h. cuando nació Dafne, mi hija, nuestra hija. Midió 46,5 cm y pesó 2.530 g. Era muy pequeñina, guapa, delgadita, morena, con mucho pelo en la cabeza, con color de bebé recién nacido y con los ojos muy achinados. Sus manos y sus pies eran grandes, y sus dedos muy largos! Estaba muy bien, sana y tumbada sobre Sabri, a gusto. Sus primeros minutos los pasó llorando, pero rápidamente se calmó, quedando tranquila y con los ojos cerrados encima de su mami. Todo era felicidad y amor. Y aunque no lloramos ninguno de los dos (demasiada adrenalina!), nuestros ojos estaban encharcados de emoción! En la sala, el equipo médico coincidía en que se parecía mucho a mí. Al verla, la parte inferior de la cara era clavada a mi de pequeño. La boca, la barbilla... Sin duda, era hija mía! Seguían los momentos divertidos, alguna que otra atención a Sabri y a Dafne y el placer de ser yo quien le cortase el cordón umbilical! Me regalaron las tijeras! Achuchones, besos y agradecimientos, y rumbo a la habitación. Sabri acababa de dar a luz! Dafne ya estaba con nosotros!

Sin lugar a dudas, si un día se te puede quedar grabado en la mente para siempre, ese es el día en el que eres padre/madre. A pesar de las 40 semanas y un día de embarazo, algunos momentos duros, y esos momentos previos al parto, cuando ves la cara de tu hija todo esto se olvida. Cambias todo el sufrimiento del embarazo por el amor y la felicidad que te da el nacimiento de un bebé. Y yo me pregunto: ¿cómo puede dar tanto amor una persona tan pequeñina? Y sin saber hablar! Cada día estoy más convencido de que una imagen vale más que mil palabras. Y ya por último, dar las gracias a todas aquellas personas que se han interesado en algún momento por nosotros, durante el embarazo o en los momentos más duros; a esas personas que han seguido de cerca todo el proceso, familiares y amigos; a todo el equipo médico que siguió el embarazo de Sabri (mención especial a Adela, matrona que nos ayudó muchísimo en cada paso...); al equipo médico que nos atendió en el Hospital de León (mención especial a la ginecóloga principal y a la matrona, Verónica, quienes fueron parte clave en el buen desarrollo de las horas previas, en el ánimo y en el parto); y a Sabri, la mejor madre que puede tener mi hija Dafne, y de la que me siento realmente orgulloso. Eres una gran mujer, mejor madre y me has dado lo más bonito que tengo en mi vida, a mi hija Dafne! GRACIAS!

Después de toda esta parrafada, que la escribo tan larga para que la lean, únicamente, las personas a las que realmente les interesa, sólo me queda presentaros a mi hija Dafne, recién nacida y con unas pocas horas de vida.


Salsaludos, abrazos y besines!

Rubén Álvarez